La Escena del Rock en Mérida. La decadencia del proceso creativo y su efecto en la escena local

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Alpie, Reseña | Opinión

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Ilustración: Adrián Patron [Acento en la O]
Escrito por: Fernando Peniche

Formar parte de una banda hace, casi en su totalidad inherente, el deseo de trascender en la música. Jóvenes durante generaciones en nuestra ciudad, y a lo largo del país, inician proyectos musicales donde el factor común es la búsqueda de la trascendencia nacional. Ser una “Estrella de Rock”, llenar auditorios, vender discos y ganar mucho dinero mientras viajas por el país o, por qué no, el mundo deleitando audiencias con tu música. Un concepto que a la fecha es bastante irreal y nada similar a esa época de excesos y millonarios cheques, que crearon el estereotipo de las estrellas del rock. Cada vez lograr ese sueño se hace más complejo y lejano, a pesar de vivir en una era donde la tecnología nos permite hacer llegar nuestros productos hasta el rincón más alejado de nuestra existencia con un solo click.  La industria musical cambió, murió realmente, y volvió a nacer en un contexto opuesto al estereotipo de los ochenta, llevándose a la tumba los sueños de contratos millonarios, jets privados y discos de platino.

Hoy por hoy la oferta musical es vasta; los nuevos artistas brotan por docenas y se esparce de manera viral por la red, llegando a millones de oídos a lo largo del mundo, posicionándose en el gusto de la audiencia. Sin embargo, nuestra escena local sigue sin lograr que sus productos se posicionen ni siquiera nacionalmente. A lo largo de los años, generaciones de músicos en nuestra ciudad han permanecido en el anonimato, buscando una trascendencia nacional, que si bien han generado buenos productos, han tenido un alcance efímero y de notable caducidad aún en los escenarios locales. La música es una profesión demandante: exige dedicación, esfuerzo y muchos sacrificios. Ha de saberse que dedicarse a ella requerirá en buena medida una fuerte inversión de tiempo y eventualmente de dinero. Ambas inversiones son fundamentales en función de lograr la trascendencia.

los-lasgori

Ilustración de Acento en la O | Adrián Patron

Hace no menos de 10 años, la escena musical en Mérida logró moverse de manera significativa: un puñado de bandas se hicieron conocer, se generó un ciclo de eventos que ofrecían un espacio de expresión que puso en el radar a la ciudad y generó un contacto con actores de la escena nacional. Al final, este movimiento se desgastó y las siguientes generaciones llegaron para, desafortunadamente, encontrar una escena aletargada y sin un producto que hiciera el suficiente ruido para atraer la atención de las audiencias nacionales y exigir un poco de la merecida atención de los oídos del país.  La escena local ha sido siempre un ente dividido y con poca sinergia; diferentes cabezas mueven pequeños grupos de gente reservando la fidelidad de sus seguidores para únicamente aquellos que comparten la misma etiqueta. Los subgéneros musicales que cohabitan los escenarios de la ciudad, raramente comparten fechas y suman audiencias para fomentar  una escena sólida no basada en el género que interpretan, sino en el gozo de la música local en todas sus variedades.

Junto a la falta de integración, la inversión económica y de tiempo que la música exige, son dos de los factores que afectan nuestra escena. En una ciudad donde a los 25 años uno debe de dejar de “jugar” a la bandita y conseguirse un “empleo real”, o sentar cabeza y adaptarse a los estándares de la prematura adultez que nuestra ciudad exige, el tiempo que se destina a desarrollar proyectos artísticos, en este caso musicales, cada vez se reduce de manera más significativa. Los compromisos y obligaciones sociales en conjunto con el tabú  social que representa “Ser Músico” imprimen una caducidad temprana a la ambición y la postura de los actores de nuestra escena, quienes en muchos casos se desentienden de los compromisos del proceso creativo, sentenciando sus proyectos a abruptas y poco significativas conclusiones. Asimismo, el flujo económico de la escena local es mínimo, desde la inversión que realizan las bandas y los productores en la realización de eventos y proyectos de calidad, hasta el gasto que las audiencias realizan para consumir estos productos. La escena no es sustentable, la inversión no se realiza por falta de ganas, sino porque, en la mayoría de los casos, no se recupera, y aún cuando algo regresa a manos de la producción, difícilmente alcanza para reinvertir en nuevos proyectos. La falta de flujo económico causa desesperación, la cual termina siendo un cáncer que agota a los músicos y termina por vaciar los recursos y desgastar el ánimo de seguir produciendo.

Ahora, ¿por qué la audiencia no responde a los eventos? ¿Por qué no se obtienen ganancias y resultados positivos? ¿Estamos ante un público ingrato que no apoya la escena local? ¿Los pobres músicos crean y nadie les presta atención…? Es un hecho que la audiencia no responde siempre como todos quisiéramos, sin embargo, hay que ser críticos y considerar que, tal vez, no es ese el mayor problema de nuestra escena. El público no responde y esto es la respuesta a un problema de inversión de tiempo, el tiempo que hoy las bandas invierten en su música. Es fácil culpar al público de no apoyar a la escena, siempre será más sencillo echar la culpa al que no esta presente, sin embargo hay que mirar hacia adentro y analizar lo que las bandas están haciendo hoy por hoy en nuestro medio.

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Ilustración de Acento en la O | Adrián Patron

A lo largo de la historia, las bandas que generaron una escena y marcaron épocas en el rock nacional son bandas que, primero que nada, tenían algo que decir: surgieron como contraparte de un movimiento social y como voces de una generación cuyo mayor mérito y principal visión en la música era, simplemente, hacer música para transmitir un mensaje. El Tri de México, Café Tacuba, Jumbo, Molotov, Maldita Vecindad, Control Machete, por mencionar algunos, son ejemplos de bandas que iniciaron desde cero carreras musicales con una trascendencia, y eventualmente un ingreso significativo. Sin embargo un factor común de todos ellos era el porqué de su música.  Las grandes bandas de México, así como las grandes bandas de la historia de la música, empezaron a hacer música porque tenían algo que decir, porque existía en ellos una incesante necesidad de comunicarse y de hacer música, que al no tener de primera mano los mejores foros, con las mayores inversiones y audiencias segmentadas listas para consumir sus productos, empezaron tocando en los foros y espacios más recónditos e inadecuados que encontraron.

La música es primordialmente una forma de comunicación; se trata de transmitir emociones y sentimientos. Aquellos que han logrado la trascendencia son aquellos que han dedicado su tiempo y esfuerzo en hacer que su música se escuche, no en vender discos, no en conseguir exitosas redes sociales con bases de seguidores interactivos y vender mercancía. Aquellos que han conquistado a las audiencias, lo han hecho con su música, transmitiendo un mensaje; lo demás llegó después. Para esto, lo único que estos personajes hacían era tocar, componer y ensayar, constantemente y a consciencia, poniendo el corazón y sus sentimientos en la composición de música que transmitiera sus ideas y que lograra conectarse con la audiencia, a la que eventualmente el tiempo y la misma audiencia les pidió la oportunidad de documentar y conservar en un archivo lo que hacían, dando pie a empezar a grabar y vender discos con su material.

Hoy por hoy, nuestra escena, así como la escena de la música en general, sufren un problema común: todos vamos en dirección contraria. Hoy en día, las bandas no se forman para tocar y hacer música, no se crean bandas que se encuartelan durante siete horas al día en un cuarto a ensayar una y otra y otra vez series de acordes e ideas hasta que toman forma de canciones. Ya no existen bandas que ensayen y hagan música que vibra y comunica de manera colectiva la identidad de sus autores. La tecnología nos ha llevado a un punto de la creatividad donde los músicos se juntan una vez a la semana para ensamblar las ideas que otros de manera prefabricada han ensamblado en un dispositivo electrónico. Ya no nos preocupa ser una banda y salir a tocar, sino lograr embonar cuatro o cinco tracks para grabar un disco y ponerlo a la venta en iTunes o cualquier otra plataforma digital, ganar fans y ser reconocidos en la calle. ¿A dónde nos lleva esto? Bueno, la consecuencia es, una vez que descubres la música de una nueva banda y te animas a pagar por verlos en vivo, la grande decepción cuando sobre un escenario encuentras a cuatro individuos que apenas se conocen y raramente conocen la música que interpretan, teniendo como resultado un show poco agradable, poco profesional y que sin duda causa que la audiencia difícilmente se anime a repetir la experiencia.

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Ilustración de Acento en la O | Adrián Patron

No se trata de satanizar las herramientas modernas, la tecnología es un arma muy poderosa que facilita el proceso creativo. Hace diez años, grabar la idea de una canción consistía en tocarla cien veces hasta que la odiaras un poco y no hubiera forma de que la olvidaras, pero al final era el resultado de un esfuerzo conjunto de un grupo de personas tratando de comunicar una idea a través de la música y eso pesa sobre un escenario, eso, le agrada a la gente y hace que se identifiquen con tu música y tu banda.

Si la falta de flujo económico, credibilidad y dignidad del trabajo asociado a la música no son suficientes, nuestra escena local sufre de un cáncer que está matando a la música a lo largo del mundo, la displicencia y la falta del factor humano. Hoy en día, la música depende cada vez menos de los músicos, los proyectos se hacen en menos tiempo y con menos integrantes. La esencia de la música se está perdiendo. La música está perdiendo a los músicos, y nuestra escena no es la excepción: si ya teníamos un problema de unión entre los géneros y las bandas de nuestra ciudad, ya hoy estamos llegando al punto donde ni siquiera existe una unión entre los miembros de las mismas bandas; cada vez se ensaya menos, los miembros de los grupos conviven menos y el resultado se nota en los escenarios. Los productos finales cada vez son menos sólidos como consecuencia de que las bases de las bandas cada día son menos firmes, se escuchan cada vez mejores discos e inversamente cada vez son menos los que pueden pararse en un escenario y ejecutar esos discos en vivo.

La escena musical en Mérida necesita un cambio, si bien existen factores económicos que están asociados a la situación económica del país y, consecuentemente, de la ciudad, que no podemos cambiar directamente, debe hacerse conciencia que si se quiere sanar la escena musical de Mérida, es necesario ajustar el enfoque con el que hacemos música. Si bien existe talento en nuestra ciudad, nos enfrentamos a una época donde difícilmente los esfuerzos se orientan en la dirección adecuada. Conforme el tiempo pasa y los sacrificios aumentan, cada vez son menos los músicos dispuestos a invertir en sus proyectos, horas de ensayos, buenos instrumentos, buenas grabaciones y buenas ejecuciones que generen mejores productos con la calidad que se necesita para que la audiencia se identifique con los mensajes y la música que se transmite. En función de lograr una escena musical unificada, que logre mejores resultados, habría que preguntarnos: ¿cuántos están dispuestos a invertir su tiempo y esfuerzo en la creación de obras musicales y proyectos de calidad a pesar de los sacrificios que esto implica? ¿Cuántos de los que hacemos música tenemos realmente algo que decir? Y más importante aún, ¿cuántos de los que hacen música en la escena local, se ven, cueste lo que cueste, haciendo música hasta el ultimo día de su vida?


Algunos proyectos que vale la pena voltear a ver:

https://www.facebook.com/monlaferte

https://www.facebook.com/loslasgori

https://www.facebook.com/los.fontana

https://www.facebook.com/barzooband

No.19
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One thought on “La Escena del Rock en Mérida. La decadencia del proceso creativo y su efecto en la escena local”

  1. Pues yo sí me veo haciendo música hasta el final de mis días… creo que es algo largo el artículo, pero debo reconocer que tiene muchas verdades, aunque también el autor hace generalizaciones algo temerarias, porque no todas las bandas trabajan igual y hay que saber que esto de hacer música en Mérida, no inició hace 10 años…tiene muuuuuchos más… Lo que sí es verdad es que ninguna banda loca ha logrado ni siquiera algo similar a lo de Control Machete que podría ser la banda más efímera y con menos utilidades económicas de las mencionadas en el trabajo, saludos!!

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