“No quiero su respeto, quiero su extinción”. Una reflexión sobre la carencia y la necesidad de humanismo en las estructuras e instituciones sociales y educativas de México

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Al Pie, En los Bordes de la Letra

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Fotografía: Irving Conde
Escrito por: Pablo Rojas

“El respeto multicultural por la especificidad del otro no es sino la afirmación de la propia superioridad”.
(Zizek, 2010: 65)

¿Deberíamos, como ciudadanos y estudiantes mexicanos, tener la posibilidad de influir y transformar el funcionamiento y comportamiento de las instituciones educativas del país? Si la respuesta a esta pregunta es negativa, no tiene ningún sentido hablar de influir o transformar el sistema educativo o la formación escolar. Ahora, si la respuesta es afirmativa, entonces hay mucho que decir al respecto.

El objetivo de la presente reflexión es demostrar que la relación de dominación vertical, escondida debajo de un discurso multiculturalista que existe entre los gobernantes, en coalición con el sector empresarial y las instituciones educativas de México, produce un debilitamiento, e incluso, compromete las posibilidades de construir estructuras para el pensamiento crítico en los estudiantes que, al mismo tiempo, son las posibilidades de construir una sociedad democrática, ética, autogestiva y cosmopolita.

En el libro Sin fines de lucro (2010), Nussbaum argumenta que el comportamiento y el funcionamiento actual de las instituciones educativas del mundo globalizado — haciendo un especial énfasis y ejemplificando con las de Estados Unidos e India—, responden a las necesidades industriales y productivas del sistema capitalista internacional (entendiendo a éste como un sistema procedente del usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción, mayormente constituido por relaciones empresariales vinculadas a las actividades de inversión y obtención de beneficios; así como de relaciones laborales tanto autónomas como asalariadas, subordinadas a fines mercantiles).

La subordinación de las instituciones educativas al régimen capitalista, que se ejerce y administra desde los gobiernos, puede ser identificada a través de la revisión de planes de estudio, contenidos, métodos de enseñanza, entre otros rubros de la educación; los cuales demuestran que los aspectos y tendencias utilitaristas están por encima de los aspectos humanistas y que la rentabilidad de los estudiantes como objetos de eficiencia productiva, está por encima del desarrollo humano de los mismos como personas libres, autónomas, críticas y diversas.

Plantea Nussbaum un panorama económico, político y social en donde la educación para la renta se ejerce con violencia, con el propósito de disminuir y, eventualmente, desaparecer la educación encaminada a la democracia. Coincidentemente, este 2014 en México, han sucedido dos hechos que están completamente relacionados al sistema educativo para la renta que critica Nussbaum: la criminalización de los estudiantes normalistas y las escuelas normales como la de Ayotzinapa (conjunto a la desaparición forzada de 43 estudiantes), y el intento de la SEP de reformar los planes y estructuras educativas del Instituto Politécnico Nacional, anteponiendo en dicha reforma los estudios técnicos por encima de los científicos/humanísticos/críticos. Estos son dos ejemplos del ejercicio violento de imposición, lo cual no exenta a las instituciones educativas de estar inmersos en procesos similares, con violencia —quizás— menos visible y desvergonzada.

Las escuelas normales rurales de México fueron planteadas, desde un principio, como centros de estudio para comunidades indígenas que, como misión principal, sostienen la necesidad de liberarse de un sistema gubernamental/empresarial opresor. Desde 1940 se ha hecho un trabajo violento de desaparición y clausura sistemática de tales centros por parte de iniciativas gubernamentales y empresariales, que se han justificado, por una parte, bajo la premisa de “las comunidades indígenas necesitan educación moderna y de calidad académica” y por otra, bajo el discurso multiculturalista de “queremos construir un país en donde puedan coexistir diferentes culturas…, pero bajo la normativa que estipule el gobierno mexicano (el cual responde a las necesidades mercantilistas de las empresas).

En Defensa de la intolerancia (2010), Zizek argumenta que el discurso multiculturalista de los gobiernos no es sólo un mecanismo de racismo, sino que es al mismo tiempo un mecanismo cínico de dominación social. En relación a dicha argumentación, en Mi cosmopolitismo (2008), Appiah descarta al universalismo o multiculturalismo como un discurso falso en el que la coexistencia cultural es algo completamente relativo, ya que se basa en la permisividad gubernamental de la existencia de diversas culturas bajo regímenes normativos inamovibles y autoritarios. En contraposición a dicho discurso, él defiende al cosmopolitismo que no acepta las parcialidades del nacionalismo y que reconoce, por una parte, la existencia de nuestras fidelidades locales culturales  y, por otra y no por eso menos importante, la  común pertenencia a lo humano y las exigencias que de ella se derivan. Esto implica que a pesar de las complejidades de los grupos sociales, hay un común denominador en cuanto a que todos están conformados por seres humanos, y ése debe ser argumento suficiente para poder trazar una ética y un proyecto de coexistencia sustentable y pacífica.

Qué mejores ejemplos que el de la escuela normal de Ayotzinapa y el IPN para demostrar, en colaboración con la argumentación de Nussbaum, Zizek y Appiah, que el gobierno mexicano, junto con iniciativas empresariales capitalistas, ejerce un poder dominante sobre el comportamiento y funcionamiento de las instituciones educativas del país, desde un discurso multiculturalista; y esto ocasiona, y continuará ocasionando, (a menos de que los estudiantes y la sociedad civil se avoquen a transformar las políticas autoritarias y sistemas nacionalistas) que las posibilidades de desarrollar sociedades democráticas, autónomas, críticas y libres, se reduzcan y, en el peor escenario orwelliano, desaparezcan.

Reafirmo: yo no quiero el respeto ni del gobierno ni de las empresas capitalistas, quiero y busco su extinción.


*Recomiendo la siguiente bibliografía al respecto:

Martha C. Nussbaum. (2010). Sin fines de lucro. Buenos Aires: Katz Editores.

Kwame Anthony Appiah. (2008). Mi Cosmopolitismo. Buenos Aires: Katz Editores.

Slavoj Zizek trad. Eraso Ceballos y Antón Fernández. (2010). En defensa de la intolerancia. Barcelona-DF: Diario Público.

Luis Hernández Navarro. (2012). El asesinato de Minerva: la batalla por el normalismo rural. El Cotidiano, 176, pp. 19-33. 2014, De Redalyc Base de datos.

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