Música para escucharse en la oscuridad: “Vagamundos” de Quizás

Deja un comentario
Alpie, Reseña | Opinión

Fotografía por: Lizette Abraham
Escrito por: Jorge Carlos Cortazar

Los ecos sonoros y líricos de una soledad en llamas, aunque sin sumergirse necesariamente en las aguas profundas y turbulentas dibujadas en la poesía Leopoldo María Panero, ni los delirios paranoides del Horla de Maupassant, encuentran en el proyecto solista-bicéfalo de Saúl Franco y Robin Sierra, Quizás a lo largo de 6 cortes el E.P. “Vagamundos” (2018) el inminente naufragio del yo en reflejos fugaces de momentos que alguna vez fueron felices. La instrumentación y arreglos electrónicos tejen las figuras dulces por momentos, monstruosas en otros, que acompañan las agrias evocaciones del objeto libidinal perdido, del cual quedan únicamente escombros, monstruos y sombras.

Desde la Mujer de Sal se establecen las coordenadas de la pérdida (del amor, de uno mismo, de la cordura) cuyo rastro se busca en las manifestaciones extremas de los elementos. El desasosiego no se conforma con la posibilidad del retorno, sino que se celebra encontrando sucedáneos en la lluvia y el deseo de renunciar a la materialidad del cuerpo que se antoja inútil ante un silencio descubierto como un castigo atroz. La pieza inicia con paso intempestivo con la voz de Franco, acompañado por un tejido de bits, chimes, pulsaciones y sonares que conducen a la canción a modo de marcha ¿fúnebre? y delicada, disipándose con los etéreos falsetes de Franco hasta el beat final.

Del temor al perpetuo abandono, emprendemos un viaje a los territorios del insomnio –ese destierro al país de las sombras- abriendo la puerta a voces y torbellinos existenciales en Me Jalaron los Pies. De ser cierto que la oscuridad nos regresa la mirada para descubrir que más allá no hay más que sombras huecas, el único consuelo a las miserables criaturas que poblamos este mundo es tener fe, o en pagar el precio de cuestionar continuamente el endeble asidero de nuestras certezas. Sin restarle mérito al E.P. como obra completa, en esta canción encuentro los arreglos más afortunados: la base acústica permanece en constante acecho entre los unos y los ceros repartidos entre la sábana ambient del intro y la máquina percutiva, a veces a punto de ser un poco demasiado machacante; así como los espacios en que la guitarra, junto a las programaciones, encuentran breves espacios de protagonismo.

En Bicéfalos juega con la idea de la dualidad del ensayo y error, la confianza y la traición; la coexistencia incómoda con nuestro lado oscuro como si se tratase de un apéndice pegado al cuello. En cada intento por deshacerse de aquel sólo quedan “bicéfalos muertos en la habitación”. Tal vez sin proponérselo, la escalada dramática en la interpretación de la letra anula significados y busca más el efecto de las imágenes terroríficas propias del body horror. No obstante, la canción no tiene desperdicio justamente en que lo dramático no es siempre sinónimo de azotadez, aunque las fronteras sean ciertamente permeables.

La nostalgia de una Edad de Oro que nunca se conoció, el recuerdo de un Paraíso Perdido y el deseo por buscar esa vida que “está en otra parte” encuentran en Detrás de Marte una muy afortunada fusión entre los arreglos musicales, en los que las texturas electrónicas han predominado hasta esta primera mitad de Vagamundos, no ahogan la calidez emocional de la voz de Saúl Franco, permitiéndose matices más delicados antes de escalar a las alturas tonales que en los anteriores cortes había echado hacia adelante, en detrimento de un clímax narrativo más eficaz. La fantasía de encontrar las posibilidades inagotables del encuentro de lo numinoso en el lado oscuro del planeta rojo, pocas veces han parecido tan convincentes y seductoras; incluso ante la posibilidad que tal incursión pudiese terminar en un desastre.

Posiblemente, Esta Adicción sea el track menos logrado de todo el E.P., aunque es meritoria su ambición: notables cambios de tempo y un bridge un poco más extenso que en las canciones anteriores. Si bien la aproximación lírica se había echado mano de recursos metafóricos más sofisticados, en el quinto corte le resta contundencia lo directo (más no la franqueza) del lenguaje y las figuras de las que Franco y Sierra echan mano.

El recorrido de Vagamundos concluye con el tema Pequeño Houdini que, en opinión de quien escribe, es la canción que mejor sintetiza las líneas temáticas de la obra entera, además de ofrecer un cierre ¿feliz? a las turbulencias planteadas en los cortes anteriores, con la esperanza de un nuevo comienzo tras aceptar que la pérdida no es más que una frontera que no es infranqueable, aún cuando la brújula se haya perdido. El silencio que en un principio era dolor, es presentado como espacio a llenar; los escombros son ahora flores, incluso el falsete de Franco que antes era un lamento se ha convertido finalmente en un llanto liberador. Y el último acorde, es –esperemos- un continuará.

En suma, “Vagamundos” de Quizás es una obra accesible pero que también exige atención a los detalles, incluso cuando la producción del E.P. echa toda la carne al asador como si no hubiese un mañana, ya que desaprovecha en no pocos momentos espacios posibles de picos y honduras que justamente nos permitirían como oyentes Vagar un Mundo con una geografía más diversa. No obstante, el sonido es claro, equilibrado en la distribución de los elementos vocales y la instrumentación. La fortaleza de Vagamundos se encuentra en las imágenes que permanecen tras una primera escucha, la invitación a una segunda para encontrar pequeñas perlas sonoras que en la memoria se convierten en fractal. Me atrevo incluso a imaginar Vagamundos en versión acústica con secciones de cuerdas y vientos: creo que sonaría genial.

Otorgándole el valor que merece a la resilencia de los proyectos musicales independientes como la obra que invito el lector a escuchar, manifiesto mi interés en escuchar lo que Quizás tenga para un futuro próximo. A pesar de su aparente intempestividad, es una síntesis de trabajo, experiencia y aprendizaje tras la influyente Pervertida Niña Ácida, así como una honesta búsqueda por parte de Franco y Sierra para encontrar un sonido, discurso letrístico e identidad, dotando a nuestra esquiva escena local de un punto más de referencia.

Anuncios
Escrito por

Revista de Literatura, Arte y Humanidades editada por la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo. Ha publicando periódicamente del 2002 a la fecha.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s