
Fotografía por: The New York Public Library | Dominio Público
Escrito por: Mario Salvatierra
Hoy termina nuestra sociedad…
Largo tiempo nos hemos padecido, Cabeza,
como el matrimonio enemigo
que aún comparte las sábanas y el aire de la habitación,
y se reúne para comer una cena desabrida.
Te he padecido largo tiempo,
como la afección crónica
que se esconde en las espesuras del cuerpo
y reaparece con la sorpresa de una quema clandestina.
Creyéndote hábil estadista,
te cedí la administración de nuestra hacienda;
creyéndote maestro veterano,
te cedí el cuidado y la atención
de todo lo que para mí era valioso.
Permitiste que la techumbre se viniera abajo,
que el óxido averiara las máquinas
y las plagas devoraran el solar.
Con tus herramientas, trituraste nuestras manos;
verdes todavía, incineraste nuestros talentos;
castraste nuestra lengua cuando solo era una cría.
Y no bastándote este daño,
metiste el corazón en un saco con piedras
y a plena luz del día lo arrojaste a las aguas.
Nos prometiste una vida próspera,
y ahora vivimos una existencia herida, áspera;
nos prometiste el arcón lleno, como una olla
que feliz desborda sobre la flama,
y hoy tenemos que malvender
hasta nuestra sombra
y abandonar estas ruinas.
Nuestra sociedad termina aquí, Cabeza.