Cervicalgia. Monólogo del académico

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Alpie, Letras de Agua


Fotografía por: New York Public Library | Dominio Público
Escrito por: Mario Salvatierra

Según ciertos poetas neoplatónicos,
los spiritelli entran y salen por los ojos de los amantes,
como gusanos o alguna especie de ácaro amoroso.
Entran por las llamadas «ventanas del alma»
(aunque sean, más bien, los pozos del alma),
y se hacen camino hacia la cámara secreta del corazón
donde graban la imagen del amante.
Tras dejar esa pintura rupestre que nadie verá,
salen a la superficie sobre el vehículo de los suspiros.

Esto, evidentemente, es pura poesía.
La realidad es que el amor no es un diosecillo
ni un insecto que inocula su veneno en el torrente sanguíneo.
Se equivocaron los neoplatónicos.

El amor es una cervicalgia: ningún masaje,
ningún analgésico, alivia la molestia.
No hay almohada ni colchón cómodo
si el cuerpo amado está ausente
y su peso no contrarresta el peso
de nuestro propio cuerpo
y su dolor en el colchón.

El amor es un ácido que gotea sobre la frente del insomne.
El amor desordena el escritorio de trabajo, cambia de lugar
los libros del librero, revuelve notas y fichas.
El amor es una silla de tres patas
en la que insistimos sentarnos,
en la que insistimos darle la espalda al mundo.

Esto, los neoplatónicos, no lo intuyeron.

 

No. 23
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Escrito por

Revista de Literatura, Arte y Humanidades editada por la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo. Ha publicando periódicamente del 2002 a la fecha.

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