
Fotografía por: Marijose Romero
Escrito por: María José Bisogno Sauri
Como el pez difícil de encontrar en los mismos mares es la obra de Marijose. Conchas, mujeres-perla, moluscos y bañistas en sueños piscinísticos son las figuras que habitan su gran pecera artística. Al fondo de ella, no hay un musgo nauseabundo, más bien coexisten, de un modo tan vivo y sedante, los aromas del color verde y del rosa. En ocasiones, un verde ilumina a varios amantes que se desbordan en deseo y se deshacen en besos ininterrumpidos dentro de acuarios o saunas. Otras veces, un rosa que se trasluce en la piel de mujeres sirena o de gatos curiosos que se acercan a observar las distintas siluetas marinas. En su obra, pervive a la vez una manera compleja de indagar los límites entre lo animal y lo femenino; un vaivén entre ser una mujer comida por un pez o pulpo y ser un animal al mismo tiempo que una mujer. Ofrece una vida en completa fusión, donde lo onírico y lo acuático es lo real, y lo que sobrevive a cualquier medio de arte que su autora elija, ya fuere el performance, el arte multimedia, la pintura al óleo, el collage o las imágenes hechas con inteligencia artificial. Todo es juego, voluptuosidad, erotismo y dulzura. No hay contradicción en los encuentros afrodisiacos; todo está permitido. Así como el agua, el deseo alcanza a todas partes, y todo lo toca sin estancarse. El cuerpo está como espacio libre a cualquier caída y como sitio en el que anidan los apetitos.