Traspasar las fronteras: sobre De fronteras, de Claudia Hernández

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Alpie, Manos a la Letra

Escrito por: Edwina Sánchez Orozco

Sería pretencioso afirmar que es posible saber la historia de una persona sin haberla conocido, pero sí podemos echar un vistazo a su alma, y las narraciones de Claudia Hernández son la prueba de ello. Nacida en 1975, la escritora salvadoreña nos presenta su libro De fronteras, un conjunto de relatos que exceden lo que nuestros ojos quieren ver. Historias que nos transmiten la exquisitez de lo nauseabundo, narradas desde la voz de una mujer que manifiesta en sus letras una innegable verdad: el ser humano es todo menos humano. Cada cuento nos sumerge en una latente incomodidad, mientras remamos contra una belleza turbulenta, que a su vez exhibe nuestra más oscura crueldad.

De los 16 relatos que incluye el libro, tres son clave fundamental para interpretar la fragmentación del vínculo social y la disolución del concepto de bondad, ya que cargan sobre cada uno de sus párrafos distintas tragedias vividas por los personajes. “Un demonio de segunda mano” nos lleva más allá de nosotros, colocándonos entre el morbo y la inquietud. La historia gira en torno a un hombre y un demonio que, por azares del destino, terminan viviendo juntos. No revelaré el trágico final, pero sí haré énfasis en la hermosura que se puede divisar incluso en lo grotesco. No volvemos a soñar con los ojos abiertos al encontrar encantador algo tan atroz.

Como si perdernos en las cuencas vacías de un demonio no fuera suficiente, nos tropezamos con la «Trampa para cucarachas #17«. Observamos con asombro la vida de un joven soñador que va perdiendo su luz, al tiempo que adquiere un gusto enfermizo por la podredumbre, embelesado con la idea de vivir en ella. Todo esto narrado en un cuento lúgubre y gris, cuyas oraciones nos quitan el apetito mas no las ganas de leer. Es la historia con más anclaje en lo real, ya que no podemos negar que hoy en día el ser humano abandona sus sueños con facilidad, como si fueran trapos sucios decorando basureros. Por cada sueño cumplido hay un hombre sentado en el alféizar, tragando cucarachas.

Cabe aclarar que no todo es agrio e inquietante: la autora nos regala un cuento dentro de una obra guiada por la tristeza de una sociedad perdida que, pese a no saberlo, yace muerta. “Molestias de un rinoceronte” posee algo que ningún otro: la capacidad de regresarnos a nosotros mismos después de un baño de pesadillas sangrientas. La mejor forma de comenzar una historia amarga es sembrar esperanza. Rompemos las fronteras entre una vida privilegiada y la realidad, nadando dentro de una sociedad frívola y carente de moral, donde yacen cuerpos mutilados y corazones sin arterias.

Como una mariposa con el don de la ignorancia, volamos a través de la contaminación humana y nos impregnamos de su impureza. No hay mejor método para desarrollar la empatía que la que Hernández ofrece: nos arranca las alas un instante para que seamos capaces de apreciar experiencias que no son distantes, no tienen fronteras y de las cuales algún día podríamos ser protagonistas.

No. 23
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