Un cometa de flamingos augura el desastre

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Alpie, Letras de Agua

Fotografía por: Biodiversity Heritagey | Dominio Público.
Escrito por: Mario Salvatierra

 

Entramos al poblado por el camino viejo
que se arrastra a través de arrecifes selváticos.
Atrás, la polvareda de ruido y rabia; atrás,
la ciudad y sus dientes y sus vidrios sin ojos.

En la dársena, las embarcaciones
incrustaban sus cruces oscuras contra el cielo,
derramaban la luz sobre el mantel del agua,
y algunos pescadores recogían el jugo
de la tarde en el vaso rajado de la risa.

La brisa nos atrajo a los arenales dormidos
de una playa aún libre de casas veraniegas.
Limpiamos los pies en el jardín azul del mar
y esperamos al vendedor, mientras veíamos
los galeones monstruosos de la Fata Morgana.

El hombre de la agencia inmobiliaria
nos llamó desde el camino: calvo, lentes oscuros,
uniforme de futbol, cadena de oro al cuello;
nos condujo hacia los inmuebles en venta.

Vimos lotes vacíos y obras negras con la hierba crecida
donde pronto sacrificarían a sus habitantes:
pájaros, zarigüeyas, iguanas, insectos armados
con aguijones lascivos y tenazas repulsivas
para defenderse de la carne blanda del invasor.

Vimos también algunas residencias inteligentes
con todas las comodidades del lujo, casas del futuro
en las que sólo los autómatas, en noches calurosas,
jugarán a las cartas; sólo ellos disfrutarán
desde las terrazas estos atardeceres violentos.

No muy convencidos por la oferta
nos despedimos del agente.
Se fue bailando el chachachá
en una camioneta brava de vidrios
polarizados como su modo de vida.

Una lluvia espontánea escupió
sobre nuestras intenciones de regresar a la playa,
así que nos subimos al coche, mudos,
dejando que los truenos hablaran por nosotros.

Volvimos a giro de rueda por el camino de arena.
Por la ventanilla la oscuridad agitada de los terrenos baldíos
hacía contraste con la inmovilidad de las casas iluminadas.

En el cielo, una llamarada de flamingos
pasó volando, huyendo de la lluvia
con la melancolía de un cometa ominoso.
Como ellos, nosotros también huimos del desastre
de la costa, las casas veraniegas y el amor.

No. 23
No.23
no.23
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