El aleteo

Deja un comentario
Alpie, Letras de Agua

Fotografía por: Carl H. Pforzheimer Collection | Library of Congress
Escrito por: Mariana Vega Hernández

El aleteo
de una mariposa
se siente aquí
y al otro lado del mundo.

De niña no necesitaba de mucho,
tan solo un campo verde
un árbol que trepar,
un columpio,
llegar hasta el cielo.
¿Es la inocencia la que nos permite la claridad o la que nos aleja de la verdad aparente?

Las mariposas pueden ver colores
que nosotros no podemos.

El dolor es de color naranja.
Pienso en el dolor como una pulsación en el pecho,
un acto que te provoca dormir por horas y horas.
Pienso en esa sábana que enredo entre mis piernas.
Pienso en las tardes lluviosas,
en la emoción que me causa ver los charcos de agua
que reflejan mis cielos.
Pienso en la ansiedad que me da al hablar con la gente,
en el silencio que añoro perpetuar por días.

Pienso en mí, en todo mí y sus ilusiones.
He perdido toda imagen reflejada ante el espejo.
Es demasiado,
mis pensamientos toman una forma entretejida,
como telaraña,
como urdido.

Es, o somos, o soy yo
una red más de puras uniones.
Soy un cuerpo resistente.
Somos un cuerpo resistente.

¿Es la ingenuidad la que permite que las cosas se vuelvan visibles?

Las mariposas polinizan las flores de algodón.
Mi madre, desde el hogar, habla sobre las cosechas.
Ella dice: “Sí cosechas acciones, las recibirás de vuelta”.

La verdad es que no riego las plantas, suelo sentarme a verlas decaer.
Observo esa pequeña costilla de Adán que llora en la maceta.
Un día me di cuenta de que, a las plantas, las he desprotegido como a mi persona.
No me quedan pastos verdes, solo me queda el piso de concreto en el que me acuesto a ver las nubes, desde el punto norte de la ciudad.

¿Por qué se abandona el amor?

Las mariposas se mimetizan para protegerse de sus depredadores.
El sigilo me arropa en los días extraños.
En ellos el silencio es placentero, disfruto del error.

Anomalías del tiempo real, regresiones al pasado y resignificación de los eventos futuros, recurso tras recurso para vincular los hechos y reconocer la verdad de las cosas que uno vive intermitentemente.
Repito y repito.

Los humanos elegimos propiamente.
No hay día ni momento en el que no elegimos.
Se nos han presentado oportunidades y escogemos,
con dicha o desdicha.

Las mariposas monarca migran hasta 4,500 kilómetros.

Las mariposas migran por clima,
alimento,
reproducción,
y supervivencia.

Buscan cumplir su ciclo de vida y adaptarse a los cambios que se presentan en el entorno natural.
El tono anaranjado y brillante de las mariposas monarca es casi idéntico al color de la flor de cempasúchil:
naranja,
como el dolor y la pérdida.

Un día desperté en búsqueda de alimento y terminé migrando.
Dejé todo.
Hay un mundo que se abre en la soledad y el autodescubrimiento.
Soy aquello que cabe en mi maleta de 10 kilos.
Una mate sin hierba y un par de sueños que buscan ser cumplidos,
un fenómeno tanto natural como primitivo,
el acto más puro de la naturaleza,
el de pertenecer.

Ahora es cuando me lanzo al vacío y me dejo caer.

No. 24
No.24
no.24
no. 24

 

Deja un comentario