La cena familiar

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Alpie, Texturas del Sentido

Fotografía por: Manuscripts and Archives Dvision
Escrito por: Pamela Castro Amaya

La familia es un accidente biológico; es un imprevisto que ocasiona daños en nuestra psique. 

Es Nochebuena. Mi familia paterna se concentra alrededor de una mesa. Somos más de veinte. Aumentan las copas; las pláticas son indescifrables y las carcajadas estruendosas. Nadie me habla y yo no hablo con nadie. 

No tenemos nada en común.

O tal vez la forma de mis caderas se parece a la de mi abuela y mis tías. Pero a ellas les gustan Titanic y a mí RoboCop; escuchan a Rocío Dúrcal y yo a Kiss. Los aspectos físicos no nos hacen compatibles; la forma de ser sí.  

Hablan de mí: afirman que me quedaré solterona por ser alta. Ríen. Los lazos de sangre no evitan que sean crueles conmigo. 

No es que no congeniemos, sino que no quieren hacerlo conmigo. 

Deseo hacerme invisible ante sus ojos. 

Hace unos años tuve un accidente de automóvil. Me fracturé la cadera y estuve en cama más de un mes. Desde eso me conflictúa manejar. 

Contesté un test para saber si el accidente ocasionó trastorno de estrés postraumático. Decía: ¿Cuándo piensas en el accidente, te dan náuseas?

¿Consideras que el accidente cambió tu forma de ser? ¿El accidente ha modificado tu estilo de vida?

Respondí que sí: que las reuniones familiares me quitan el apetito; que soy incapaz de compartir mis opiniones en público; que me guardo debajo de la mesa hasta que termina la cena.

No. 24
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