Los dragones de commodo

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Alpie, Manos a la Letra
Al Pie de la LetrMARIO GUILLEN

El pikachu

Ilustración por: Mario Guillén Ordoñez
Escrito por: Aldo Rosales Velázquez

 

Hola Mis vecinos ahorraron durante diez años para viajar a Asia. No para ver los paisajes, no la gente, no las cosas que uno puede hallar en un libro. Lo único que querían ver era a los dragones de Commodo, verlos ser, actuar. 

Al volver nos visitan. Debieron verlos, dicen mientras mi padre les vuelve a servir agua –la sed parece habérseles metido bajo la carne-, son criaturas hermosas. Uno compra una cabra y la arroja al pozo donde están. Ellos llegan, muerden al animal y esperan a que el veneno en su saliva actúe. Sus voces se mezclan con el sonido de la radio, con las voces que llegan de la calle, con los susurros en mi cabeza. La cabra queda inmóvil, esperando que la devoren. ¿Y saben algo? Ese veneno sólo inmoviliza, no quita ni un gramo de sensación a los nervios del animal –quién les dijo que las sensaciones vienen en gramos, me pregunto. Se quedan sólo un rato más, luego se van. Más tarde los escuchamos hacer el amor con furia, de forma animal, como se dice; quisieran matarse con las caderas, parece. Ella quieta, debajo de él, me imagino.

(Debe ser necesario el dolor –no nos preguntemos para qué nos sirven las cosas, sino cómo las usaremos–, por algo existe. Nada puede ser un error, nada. Esos animales tampoco, ¿me entiendes, papá?).

¿Por qué existirán criaturas así?, se pregunta mi padre en voz alta. Pero no quiere una respuesta, su pregunta es una queja, un deseo velado de exterminación. No es un hombre piadoso como cree. La piedad no es algo que se encuentre en los débiles, o los ignorantes; sólo es piadoso quien puede llegar a ser cruel. Los demás son seres resignados. Él. 

Miramos televisión. Vuelve a hablar de mamá, de cómo se fue con otro hombre, de cómo él no es el mismo desde que eso pasó. Habla de los dragones de Commodo, de la repulsión que ahora le causan. Las criaturas así no deben existir. El tono de su voz me va doblando poco a poco, pero no me duermo, sigo oyendo todo; puedo sentir las palabras masticarme len-ta-men-te, 

Len              ta men               te, 

len

ta

men

te. 

 

 

No. 22 No.22 no.22 no. 22

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