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Fotografía: Dorothea Lange | The New York Public Library | Dominio Público
Escrito por: María Teresa Mézquita Méndez
La antigua y tan socorrida noción Ut pictura poesis sigue incólume en su función de enriquecer el diálogo entre las artes, especialmente entre la literatura y la pintura, al plantear cómo cambia la percepción de una obra visual cuando su recepción ocurre antes, después o al mismo tiempo que el consumo o la lectura. En textos anteriores hemos abordado autores como Mario Praz, quienes han demostrado que este vínculo no es una especulación superficial, sino una relación profunda y persistente, visible en la continua apropiación de títulos literarios por parte de obras pictóricas y en la presencia recurrente de personajes literarios, míticos o históricos en lienzos y esculturas. El pasado siglo XX fue especialmente fértil en figuras duales —poetas-pintores y pintores-poetas— como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Fernando del Paso, quienes transitaron entre lenguajes expresivos impulsados por una misma necesidad estética.
Por otra parte, las artes plásticas han nutrido la escritura en forma de evocaciones, homenajes y narrativas inspiradas directamente en cuadros, esculturas o artistas, desde Valle-Inclán hasta Vargas Llosa. Enric Bou señala que, desde el simbolismo francés del siglo XIX, y su influencia en el modernismo hispánico, esta interrelación se ha intensificado. De este modo, la amplitud del campo ha generado múltiples líneas de investigación y abordaje crítico, lo cual dificulta fijar una sola vía de análisis desde la literatura comparada.
Algunas teorías:
En Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la Literatura Comparada (Ayer y hoy) (Tuskets, 2005), Claudio Guillén dedica un capítulo titulado “Taxonomías” para intentar establecer ciertas fronteras entre la que llama “investigación interartística” y sobre la que se pregunta si realmente conduce a la crítica y a la historia de la literatura. Es decir, pregunta si “…el estudio de las relaciones entre la literatura y las demás artes ¿desemboca en el comparatismo literario propiamente dicho, objeto del presente libro, integrándose en él? En algunos casos pienso que sí, sin que haya por lo tanto cambio drástico de terreno, ni que ello suponga un espacio real o teórico distinto, equilibradamente interartístico. El centro de gravedad sigue siendo la literatura”. (Guillén 2005, p.124 )
Guillén igualmente describe la tan aludida ékfrasis y la sitúa, en principio, en el territorio de la crítica del arte y recupera el término “descripción”, sobre la cual especifica que “La descripción de lo visible da cabida a la percepción de la escultura, del cuadro, del ánfora o urna griega (Keats), del objeto forjado por el hombre, llamándose ékfrasis [porque] es cierto que el découpage del mundo por los artistas del pasado, o el prestigio de ciertas imágenes fabulosas, puede orientar la atención del escritor o despertar su imaginación” (Guillén 2005, p.125).
Asimismo, distingue a la ilustración, que claramente entendemos como “Una interpretación posterior a la aparición de la obra original, es decir, un comentario, un homenaje relativamente personal. Hay lectura, metatexto y hermosa yuxtaposición, realzada tal vez por la calidad del libro de lujo, que también supone un arte y de los más primorosos…” (Guillén 2005, p.131)
Otros autores como Aarón Kibédi Varga distinguen la ilustración como una interpretación personal, posterior, realizada por el artista, un metatexto de la obra original o un homenaje y la posibilidad de que la aparición de palabra e imagen pueda ser simultánea o sucesiva. Simultánea, dice, puede relacionarse con los cómics y otros productos gráficos y si es sucesiva “se puede entonces hablar de ékfrasis o de Bildgedicht. ékfrasis como ejercicio de descripción y Bildgedicht como textos inspirados en la obra artística, de naturaleza poética”. Finalmente, Enric Bou distingue (y con ello refuerza algunas de las afirmaciones anteriores) cuatro modos de relación de texto e imagen: la alusión a una recepción, la descripción, el homenaje y finalmente la suplantación entre palabra e imagen.
Sin embargo, las variantes de estas intertextualidades son tantas que podríamos seguir teorizando por diversas rutas. En La novela del artista. El creador como héroe de la ficción contemporánea, (Tezontle, FCE [1990] 2013) Francisco Calvo Serraller ofrece una lectura excepcional sobre los artistas cuyas vidas dejaron de ser contadas en biografías narrativas o hagiográficas para trasladarse a la ficción novelística. Sobre todo en el siglo XIX, en el cual, por citar un caso relevante, Balzac escribió 15 novelas protagonizadas por artistas, entre las que destaca La obra maestra desconocida.
Con otro enfoque, en 2009 fue publicada una obra monumental: El vértigo de las listas (Bompiani, [2009] 2019) de Umberto Eco, un ensayo en el cual el autor de Historia de la belleza e Historia de la fealdad por solo aludir a dos de sus libros de arte, recorre una extensa selección de textos que abordan hechos que igualmente están plasmados en obras pictóricas. El “vértigo” al que alude Eco es consecuencia de la gran cantidad –vertiginosa– de textos que encontró al emprender sus propias listas (uno de los temas de interés del maestro italiano) de estas plausibles vinculaciones texto-imagen.
Los cuentos completos de Leonora Carrington (Tezontle, FCE, 2021) invocan, desde la fantasía de la autora, a realidades alteradas y entornos tan simbólicos e irreales como aterradores. Si bien no están directamente ilustrados, la inclusión de una selección de sus obras en las páginas centrales –y entre las que sobresale el Autorretrato de la autora también llamado La posada del Caballo del Alba–, invita al lector a fantasear con el aspecto de los extraños personajes de sus relatos, plenos de fascinantes sinsentidos, de absurdos y escalofriantes escenas.
Resultado de un encuentro aparentemente fortuito, el libro Diálogo entre poesía y pintura (Paralelo 21, 2019) guarda el secreto de una escena que parece irrepetible: el pintor Nacho Ortiz trabajando sobre sus lienzos en una colección que rendía homenaje a diversas mujeres, y junto a él Pita Amor, tan excéntrica como auténtica, escribiendo poesía. Escribe Michelle Sandiel:
Las visitas no cesaron. Mientras Nacho trazaba en el lienzo, Pita escribía y escribía en un legajo de hojas, haciendo solo breves pausas para conversar, tomar una copita o un vino húngaro que nos encantaba degustar y comer algunos bocadillos. Así, entre pincelada y pincelada, copas, jazz y una grabación húngara de fondo, yo era testigo de un espectáculo sin igual: el encuentro de dos genios creando arte (Amor y Ortiz 2021, p.26).
Hay muchos autores más, pero querríamos concluir este breve texto con una publicación local: Sueños y apariciones (Ayuntamiento de Mérida, 2025) ópera prima como publicación integral de Samia Farah, activa artista visual y también emergente narradora. Sus relatos, de sugerente terror, son también una plataforma espejo para la vida cotidiana de la autora, inmersa en el taller de producción artística. Así, en sus textos habla de “sonido blanco”, describe colores como “hirientemente amarillo, pero bonito” y describe con ojos de experiencia pictórica un cielo
…dándonos un espectáculo naranja rojizo, sacando sus azules y violetas más soberbios
para la ocasión. La luz cambia de fríos a cálidos, los tonos en una danza tornasol;
unos filos rosas como estelas rasgan el cielo y bañan de luz dorada a todo y a
todos en la bahía… (Farah 2025, p.21)
Y además es justo una artista visual (alter ego quizá de la autora) quien protagoniza con sus rutinas y materiales los cuentos, con alusiones directas a “sus dibujos a tinta china”, “su obra gráfica”. Estas referencias aparecen siempre en el personaje de la autora/ protagonista como creadora de imágenes que prefigura seguramente no solo narraciones, sino también una serie de representaciones formales. Lo anecdótico/artístico también se inserta en sus historias: un personaje quiere hacer una revisión exhaustiva de la casa de la abuela para un proyecto de arte y otro “está estudiando artes visuales, que había sido una decepción para su familia” o bien “quería vender las tintas que realizaba” o “montó un taller de grabado y compró un pequeño tórculo”.
Tal vez sea una licencia poética –con más de licencia que de poesía, seguro– emplear el término transmigración en el título del presente texto. Su definición según la RAE dice que es cuando un alma pasa de un cuerpo al otro. Pero quizá entonces entre el arte y la literatura el alma, allí donde está esa sensación de conectar con el sentido, con la razón sí “transmigre”,portando emociones, entre las letras y las artes.
Fuentes consultadas
Amor, Pita, y Nacho Ortiz. Diálogo entre poesía y pintura. Mexico: Paralelo 21, 2021.
Bou, Enric. Pintura en el Aire. Arte y literatura en la modernidad. Valencia: Pre-Textos, 2001.
Calvo Serraller, Francisco. La novela del artista. Madrid: Tezontle, FCE, (1990) 2013.
Carrington, Leonora. Cuentos completos. México: Tezontle, FCE, 2021.
Farah, Samia. Sueños y apariciones. México: Ayuntamiento de Mérida – Libros del Marqués, 2025.
Guillén, Claudio. Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la Literatura Comparada (Ayer y hoy) Barcelona: Tuskets, 2005.
Kibédi Varga, Aaron. «Criterios para describir las relaciones entre palabra e imagen.» En Literatura y pintura, de Antonio (comp). Monegal, 109-135. Madrid: Arco Libros, 2000.