Prelude

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Alpie, Texturas del Sentido

priscila hernández (caro)

Fotografía: Priscila Hernández
Escrito por: Fernando Vázquez Rosas

I

Si buscara el horizonte tendría que cavar por encima de las rosas de la primavera. Acercar lentamente el contorno de tu silueta desnuda, tendida, como mar celeste de soledades que invento. A veces cuando hace frío quisiera quemar el alma para arroparme bajo el cincel de un cerrojo, para dibujarte el eco que es también la luna menguante o el principio de la cruz de Cristo.

Pero sucede que la mano con la que dibujo está marchita hoy, porque no sabe que allá afuera el cielo no respira las mismas formas de hace tiempo. Que no oye cantar ya la espina que sin querer atraviesa la palma de un niño con un globo. No dibuja, porque tiene miedo de retratar a las demás personas como si todos fueran uno mismo, y tú te llamaras en mí diferente. Haciendo que toda la historia se quedara vacía de adjetivos para describirse. ¡Ay, amor! si se nos acabara el silencio en este instante en que queremos decirnos locos y pintarnos solos. Decirnos simplemente en manos de ciegos, a fin de inventarnos una vez más en un pasaje de Borges. Ya no vale la pena desdeñar las palmas incrédulas de los olvidos. Ya no vale la pena crear un alma para arroparse. Quizá mañana, si el sol sale, podríamos morir por el simple hecho de comer uvas y tirar duraznos.

II

Deberíamos de hacer el amor debajo de un pañuelo. Quedarnos tendidos en el silencio entre dos semicorcheas y abrigarnos en la fragancia de la cebolla. Quiero. Necesito ese trágico momento para salir de casa y fingir que no te encuentro, que ya eres otra, desconocida y fría. Lloverme en tus pechos como nombre de aurora boreal, lentamente y hasta desgastarme, mientras olvido mi nombre que aún respira. Mano izquierda: bajo, luz de melodía. Acordes trémulos que gravitan fuertemente en un espacio inservible, en un silencio de redonda. Aquí está la flor ¿recuerdas Karla?, la que prometimos llevar ese día, último de nuestros versos, como gigantes que miran el sonido de las gotas cuando caen y besan la tierra. Nos gustaba mirar esa pequeña Sodoma y Gomorra mientras tomabas café y yo vino. Ahora sólo está Sodoma, tristemarchita, como pétalo de durazno. Hay también un vaivén variopinto que canta acerca del amor. Qué desperdicio es el amor. Mejor deberíamos ocultarlo, pintar poetas que busquen, desesperados, una salida. Un amor vacío para cortarse las palabras, las sílabas, las oraciones. Entonces tal vez valdría la pena pintar un horizonte, arrugarlo con nuestras manos y escondernos en él, esperando que el silencio de Dios nos olvide.

(Mano derecha: Si, Sol. Fa# Re, Re#)

No.20
No. 20
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Escrito por

Revista de Literatura, Arte y Humanidades editada por la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo. Ha publicando periódicamente del 2002 a la fecha.

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