El reto de narrar la cultura. Reflexiones sobre el periodismo

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No. Conmemorativo

Ilustración por: Kayleigh Martin Esquivel
Escrito por: Alejandro Pulido Cayón

Vivimos una época fascinante, de cambios vertiginosos compartidos por varias generaciones. Los nacidos entre guerras, nuestros ancianos, preparan ya su legado final; mientras los Baby Boomers debaten su conocimiento de un mundo industrializado con la globalización acelerada, los de la Generación X toman por asalto el poder y aprenden a lidiar con los Millennials, nativos digitales. Inmerso en esa transformación, el periodismo busca darle coherencia informativa a una realidad en constante expansión y contracción económica, social y cultural, que impone necesidades narrativas para cada uno de los grupos que lo moldean. 

Entendido como una especialización, el periodismo cultural, por su parte, vive un momento en el que ha de conceptualizarse nuevamente para responder a las actuales demandas de consumo simbólico, imbuido en un entorno de excesiva oferta y producción desmedida -sea cual sea la calidad de ésta- y que permite a cualquiera la creación de un medio de comunicación. Como rama periodística, está en una etapa que exige replantearse sus objetos de información, formas expresivas, canales de publicación y plataformas de distribución de contenidos, que respondan a la emergente economía del conocimiento.

El contexto informativo de hoy, formado por un ecosistema mediático que tiende a la convergencia tecnológica y la integración transmediática, es lo que obliga a una reflexión sobre cómo incorporar esas nuevas narrativas al periodismo. No es lo mismo reportear en vivo vía Twitter que Facebook Life o Youtube, como tampoco lo es elaborar una crónica que satisfaga las exigencias de un avieso lector con el tiempo suficiente y el gusto para sumergirse en las letras. 

En sus orígenes decimonónicos, el periodismo cultural fue dotado de un halo de sacralidad, salpicado de academia, dirigido a élites ilustradas, de gustos refinados hasta la exquisitez, excluyente en varios aspectos. Prevalece aún la creencia -quizá llana confusión- de que se trata de un periodismo de las bellas artes y la literatura, exclusivamente. En contraste, hay quienes sostienen que puede y debe abarcar todo el quehacer humano, porque todo es cultura. Ambas posturas, no obstante, se complementan y dan pie a numerosas propuestas que dan cabida a expresiones de la música popular, la artesanía, artes alternativos, la mirada antropológica e, incluso, la política; todo depende del género periodístico que utilicen para reportear éste o aquel suceso. 

Así, encontramos luces en Cristina Pacheco y sus aportaciones en “Aquí nos tocó vivir”; igual lo hizo el llamado padre de la crónica en México, Carlos Monsiváis, a quien nada escapó del devenir de nuestro país; o Elena Poniatowska, quien sigue con vigorosa producción tanto literaria como de crónicas. Asimismo, encontramos periodistas notables en la difusión como Miguel de la Cruz, de Canal Once; Jesús Alejo, de Milenio, y Enrique Mendoza, en Semanario Zeta; o Juan Carlos Valdés y Carolina López desde el IMER; Yanet Aguilar y Virginia Bautista, de El Universal y Excélsior, respectivamente. Pero también están quienes, sin pertenecer propiamente a la fuente cultural, revelaron las irregularidades y corrupción en la “Estela de la Luz” y la Biblioteca “José Vasconcelos”.  Ya ni qué decir del drama familiar que vivió en sus últimos años José Luis Cuevas, motivo de una telenovela o comentarios al estilo “periodístico” de Paty Chapoy. 

Entrados en el siglo XXI, a más de una centuria de las primeras vanguardias, lejos quedan las crónicas europeas de Alejo Carpentier que llevaban los avances artísticos del momento hasta América. Con la irrupción, a principios de la década de los 50, del llamado Nuevo Periodismo estadounidense, sumado al auge del Periodismo Narrativo latinoamericano, abanderado éste por Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Alma Guillermoprieto, Martín Caparrós, Juan Villoro y, más recientemente, Felipe Restrepo Pombo, Marcela Turati y Leila Guerriero, entre otros, notamos que la idea del periodismo cultural posee un asidero valioso para dar cuenta de su trabajo, particularmente a través de la crónica y el reportaje de largo aliento, ampliando, así, sus posibilidades narrativas y temáticas.

El problema actual radica en la proliferación de medios “nativos digitales” abonados con plumas vendidas al mejor postor, complacientes con quienes regalan boletos para conciertos o eventos, faltas de crítica, improvisadas muchas veces, que hacen del boletín oficial el principal insumo. En la carrera por ganar audiencia en plataformas como Facebook, Twitter, Instagram, Youtube o en la bloggósfera, el periodismo cultural queda rengo, mancillado por el “clickbait” que sólo atrae incautos o crea escándalos sin sustancia. 

No obstante, vemos que subsiste la contraparte de quienes ofrecen contenidos de calidad, apegados a lo ético, que buscan el aporte significativo con propuestas innovadoras para contarnos lo que es la cultura desde casi cualquier parte del mundo, como las personas nombradas líneas arriba que combinan su labor en medios tradicionales con los digitales, e incluso aprovechan las distintas plataformas para hacer llegar sus reportes o crónicas a una mayor audiencia.

Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) juegan un papel decisivo e influyente en las posibilidades narrativas y de difusión. Con la incorporación de fotografías y videos en 360 grados, de la Realidad Aumentada y de la Realidad Virtual, por añadidura, se puede transitar de lo performativo a lo discursivo en una historia, hacer al lector partícipe de experiencias envolventes, expansivas, con la capacidad de colocarlos al centro de una galería, una obra de teatro, un concierto o a la fiesta tradicional de un pueblo y llevarlos luego a la entrevista con los protagonistas, para rematar con la opinión crítica del especialista. Escribir la pintura o danzar la fotografía son posibilidades fascinantes. El asunto, la pequeña barrera, estriba en que esos avances narrativos son familiares para Millennials y una parte de la Generación X, poco accesibles para los Baby Boomers quienes prefieren la “vieja usanza” de la palabra escrita o el canal televisivo cultural.

Crear un medio de comunicación “nativo digital” resulta sencillo. El reto está en trazar una línea editorial clara, que considere los distintos formatos para presentar notas culturales capaces de llegar a los distintos públicos generacionales. Abrir un blog o poner en pie un sitio web es fácil. Lo difícil es mantenerlo actualizado, hacerlo rentable, que genere opinión y sirva de referente para el quehacer de una comunidad, de la sociedad. En la medida que se comprenda la transformación que vivimos en el mundo, estaremos en capacidad de narrarlo para todas las edades. 

 


Referencias

Periodismo 360

https://www.nytimes.com/video/the-daily-360

https://medium.com/journalism360

Periodismo Narrativo

http://periodismoportatil.com/

http://reddeperiodismocultural.fnpi.org/category/recursos/periodismo-cultural-destacado/

Recursos en línea

https://newslab.withgoogle.com/

https://www.thinglink.com/

Sitios de interés

http://www.xletra.com/nosotros/

https://revistaconfabula.com/

Así como suena

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