¿Por qué no?

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No. Conmemorativo

Ilustración por: Javier Alamilla Córdova
Escrito por: Diana Flores Cano

No hay una etapa de la vida en la que nos podamos salvar de la indecisión, se dice que cuando somos adolescentes ignoramos lo que queremos y,  tras despertar del sueño— o pesadilla— de la niñez, estamos confundidos ante el mundo recién descubierto. De ser así, pareciera que toda la vida seremos adolescentes. Probablemente en esa etapa, en la que por fin podemos mirar a través de esa ventana, en la que a penas y llegábamos de puntillas, es cuando más seguros estamos de lo que queremos y que sentimos. Tenemos que tomar decisiones importantes que determinarán uno de los tantos caminos por los que andaremos.

Una de esas decisiones es qué estudiar, por qué, cómo… Cuando me llegó el turno de elegir, yo tomé en cuenta unos cuantos aspectos: qué me gusta hacer y qué tan feliz quiero vivir. Cabe recalcar que no fue tan sencillo porque  las opciones de carreras, que hasta ese momento conocía, no terminaban por convencerme. Si en la preparatoria nunca hubiera alzado la mano cuando preguntaron si alguien quería aquel folletito de nombre raro, “humanidades”, probablemente ahora sería una burócrata insufrible.  En casa no tuve mayor problema para dar la noticia: “Voy a estudiar literatura porque me gusta leer y no soy tan cobarde para escribir”. Lo tomaron como debe ser, con respeto y alegría. Por eso afirmé lo anterior: en esa etapa es cuando damos los pasos con seguridad, sin pensar una y otra vez la misma idea.

Ante esta decisión fue inevitable las cuestiones de extraños y conocidos ¿Qué es lo que me motiva a estudiar una carrera que, más licenciatura, parece hobby? “No sabía que eso se estudia”, “¿Y en dónde puedes trabajar”, “¿Y para qué sirve” y así una infinidad de preguntas. No me di la tarea de contestarlas con precisión en especial aquellos cuestionamientos aparentemente inofensivos que escondían un tono de menosprecio.  Hoy por hoy tengo la satisfacción de que yo siempre lo supe, no tenían razón.

Estudiar literatura fue una de las decisiones más importantes que he tomado y de la que más segura me siento. Estoy convencida de que cuando haces las cosas con esmero y responsabilidad, los frutos son más dulces.

La literatura me abrió las puertas a otros panoramas, amplio mi pensamiento. Estudiar literatura no se trata de memorizarte los clásicos, sino de aprender a pensar, a tomar en cuenta todas las perspectivas porque me queda claro que no existe, por fortuna, una única e incuestionable visión. El lenguaje es algo que usamos hasta para soñar, está tan a la vista que pocas veces nos detenemos a admirarlo; mi carrera me enseñó a valorar cada palabra escrita, a tratarlas con respeto y entender su importancia en cada verso, en cada línea, en cada traducción.

Pero este camino no lo hice sola, a mi lado tuve la guía de mis maestros a quienes siempre les tendré un inmenso cariño y agradecimiento por exigirnos lo mismo que ellos nos daban en cada una de sus clases: disciplina, compromiso y responsabilidad. Su generosidad al compartir su tiempo y conocimientos, es invaluable. No estoy segura de haber sido la mejor alumna pero no titube al afirmar que ellos sí son los mejores maestros.

A un año de haber concluido la carrera, me siento satisfecha de haber tomado la decisión de estudiar lo que yo quería (sin caer en una actitud caprichosa) y el compromiso de hacerlo bien, o por lo menos de intentarlo. Me siento feliz por todo lo vivido, de todo lo aprendido pero también de todo lo que puedo poner en práctica y todas esas semillas que abonaron en mí para que continúe en busca de nuevos conocimientos; porque también aprendí que la ignorancia puede ser una gran amiga.

En el plano profesional, por si se lo preguntan y sólo para derribar el prejuicio de que quienes estudiamos esta carrera no tenemos un futuro prometedor, también me siento a gusto. La licenciatura en literatura es muy versátil. El mundo laboral ya no se limita a unas cuantas opciones y les abre la puerta a personas capaces de aportar otros puntos de vista. Por otro lado, parte de nuestra labor es rescatar la cultura de la indiferencia, preservar la riqueza de las obras y aún más: darlas a conocer; a nosotros nos toca limpiar el camino para quienes vienen detrás. Me siento orgullosa de tener la capacidad y, hasta cierto punto, el poder de contribuir para lograrlo. Por eso cuando me preguntan ¿Por qué estudiaste literatura? O ¿Por qué estudiar literatura? Les respondo de manera rotunda: ¿Por qué no?

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