Una mirada a la naturaleza de la pampa a través de la literatura argentina decimonónica

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Lado B

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Fotografía: Carlos Enrique Espinoza León
Escrito por: Gilberto Posada Zapata

El siguiente estudio tiene como tarea observar la recreación del territorio argentino de la Pampa en la literatura del siglo diecinueve. Los textos que se abordarán pertenecientes a dicha época son La cautiva (1837) de Esteban Echeverría y Martín Fierro (1872) de José Hernández. Las obras aparecen en diferentes momentos de la historia nacional y permiten señalar los cambios de perspectiva que se tuvo en relación con la Pampa.

Una vez terminada la guerra de independencia en Hispanoamérica, las nuevas naciones se vieron en la labor de edificar sus gobiernos en un régimen no colonial. Los intelectuales de la región impregnados por las ideas filosóficas del liberalismo europeo, emprendieron un programa republicano que ordenaría todo el universo social en el territorio de sus naciones. Este programa político tenía la intención de afincar una identidad nacional y ayudaría a desarrollar el progreso material e industrial de los emergentes países. Dentro de la corriente liberal se gestaron las instituciones nacionales de primer orden, entre los que se encontraban el régimen político de una democracia representativa, la implementación masiva de la educación, la redacción del texto constitucional, el establecimiento de las cámaras senatoriales, la realización de una economía de mercado y una industrialización pujante en la explotación de materias primas, todo ello bajo la idea de la razón y  libertad del hombre.

La literatura que se apuntaló en las naciones del continente estuvo en íntima relación con las propuestas teóricas de los pensadores americanos. La obra estética fue un medio de combate para debatir los proyectos de construcción nacional y permitió un espacio para una diversidad de voces que discurrían entre lo más apremiante de su momento. La finalidad de las obras artísticas era establecer un soporte de las ideas político-filosóficas que se desarrollaron en los términos del Romanticismo. La idea de embellecer a la nación y dar expresión genuina y original a la sensibilidad de los pueblos y su geografía alimentaba el largo recorrido fundacional de las instituciones republicanas y ennoblecía moralmente el alma de los ciudadanos que participaban en la vida pública.

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Esteban Echeverria y José Hernández Ilustración: Karem Herrera

En concreto, el caso de la nación Argentina presenta ciertas peculiaridades que sería bueno tomar en consideración. Una vez  independientes, el país tiene que organizar su territorio, pero buena parte de él se encuentra deshabitado o poblado de tribus indígenas que no terminaron por asimilarse a la sociedad colonial española, así como la presencia de los gauchos, campesinos que se dedican a sus actividades pastoriles en la más austera soledad de la pampa.

El territorio de la Pampa delinea ciertas dificultades para asentar las bases primordiales de la civilización. En primer lugar obstaculiza la cohesión social, pues su amplia y dilatada llanura no genera una convivencia humana tanto cercana como continua, los desplazamientos indígenas no se rigen bajo la idea de asentamientos y las actividades ganaderas de los gauchos enfatizan la soledad entre sus comunidades y el distanciamiento de los individuos.

En segundo lugar, el enorme apuro de consolidar la soberanía de la nación en un espacio carente de la presencia del Estado y las actividades concernientes a la administración burocrática, así como el despliegue de la seguridad de sus fronteras por parte de la milicia. Las correrías de los indígenas ponían en aprietos los límites nacionales entre Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay, pues no reconocían la legitimidad de los gobiernos colindantes de la Pampa.

En último lugar, no podía garantizar una certidumbre legal en cuestiones de propiedad privada y desarrollo mercantil. La amenaza constante de las incursiones indígenas y la falta de disponibilidad laboral del gaucho, al cual sólo le interesa obtener recursos materiales para su sustento, dificultaba la explotación de los bienes naturales y la producción seriada y organizativa de la industria. Todo ello aumentado por la escasez de escuelas y la poca instrucción pedagógica de sus habitantes.

Viendo los obstáculos para construir la nación bajo las ideas tutélales del progreso económico y la expansión industrial, se presenta el enorme territorio poseedor de materias primas sin explotar  y con dificultades de poblamiento que reuniera las capacidades del hombre educado y con un perfil laboral. La pampa se irá convirtiendo en sinónimo de lo incivilizado, lo no urbanizado y por tanto la imagen de la ausencia absoluta de cultura, la idea de nación desaparece en sus lindes y por ende reina en esa geografía inconmensurable el estado de barbarie.

Ahora bien, los autores argentinos a lo largo del siglo diecinueve retomaron en sus escritos las preocupaciones que desafiaban el desarrollo social y económico de la Pampa y por medio de la literatura definieron el imaginario amenazador que yacía en su naturaleza geográfica. Pero conforme se desenvuelve la época cambia la visión estética del espacio. A principios de siglo, el escritor Estaban Echeverría encarna los ideales de la clase blanca americana,  ya que su paradigma residía en los valores culturales de Inglaterra y Francia, pero a fines del siglo otra voz incursiona en las letras y desde la mirada del gaucho expone su particular apropiación de la llanura argentina.

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Fotografía por: Carlos Enrique Espinoza León

Esteban Echeverría pertenece al pensamiento liberal desde su perspectiva política. Sus ideas en el debate público de su país tienen eco en sus textos literarios. Sus  obras corresponden al género del Romanticismo y entre sus temas, la descripción del paisaje nativo tiene preponderancia en esta visión estética. El mundo natural viene a ser el reflejo anímico del autor, o en otros casos el lugar fatídico por el que perecen sus personajes y se erige un drama dictado desde la insondable mirada del destino. Es la tragedia del hombre americano frente a la vastedad de la indómita naturaleza y sus criaturas salvajes.

En el poema lardo de La Cautiva se narra el prolongado penar de una pareja, el soldado Brian y su esposa María, desde su cautiverio en manos de los indios hasta su amargo escape y fatal muerte. Los protagonistas pertenecientes a una población blanca, sufre  los avatares de la árida llanura y su ley sin miramientos. El paisaje se torna en pulso anímico de la nación y va pasando desde una placidez irredenta hasta el perfil canicular de su alevosía que acaba con todo.

El entorno se muestra feroz y retador, un verdadero obstáculo para la pareja y su inaccesible salida del universo bárbaro. Los momentos más álgidos son la presencia de un tigre, al cual María da muerte y el incendio voraz que recorre los pastizales. Ante la magnitud de esta naturaleza indómita, los héroes encuentran la muerte, único camino posible para seguir amándose. El hombre se muestra impune contra los designios de la pampa y sucumbe ante ella.

En el Empíreo nublado
flamea el sol colorado,
y en la llanura domina
la vaporosa calina,
el bochorno abrasador.
Brián sigue inmoble; y María,
en formar se entretenía
de junco un denso tejido,
que guardarse a su querido
de la intemperie y el calor. [1]

Se recalca la confrontación entre los héroes y la esencia de la pampa vuelta un infierno ávido. Buscan la salvación por medio del junco tejido pero el incendio es inminente y ya recorre el páramo de la región no respetando cualquier asomo de vida, ni la más sagrada, la vida humana. El ambiente de la llanura es una morada que no pertenece a lo humano y por tanto cae fuera de los designios del orden civilizatorio.

El territorio y su clima natural metaforiza el régimen del Dictador Rosas, el asfixiante gobierno descuella la situación de la patria, la República en similitud a una mujer cautiva ha sido secuestrada por Rosas y sus aliados, instaurando la barbarie en la sociedad argentina. La falta de esperanza recrudece esta visión del autor, considerando que bajo la autoridad de bandoleros y tiranos, Argentina está encaminada a sucumbir bajo la lógica de la salvaje ignominia.

Casi a fines del siglo aparece la primera parte de la obra de José Hernández El Gaucho Martín Fierro, también conocida como la ida. Esta obra es igualmente un poema largo que narra las vicisitudes del gaucho Martín Fierro, protagonista que se enfrenta al reclutamiento obligatorio del Gobierno nacional para asegurar las fronteras y lidiar con los indios. Durante este servicio pierde su hacienda, mujer e hijos. Su deserción de las filas militares lo lleva a ser un marginado de la ley y se enfrasca en diferentes episodios de gresca con valentones y la policía local. Al final de la primera parte él y su compañero Cruz determinan por asentarse con los indios más allá de la frontera nacional.

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Fotografía: Carlos Enrique Espinoza León

En esta obra la presencia del paisaje de la pampa se torna de una peculiaridad distinta, pues es el gaucho que entabla relaciones de orden distinto con el territorio geográfico. La pampa es la residencia por excelencia del gaucho, una extensión de su identidad cultural y una contigüidad de su vida diaria. Relieve de emociones que llenan a través del canto la gloria de estos rancheros, guía su libertad en el dilatado campo y rodea su soledad, templa su carácter y no decae su valentía. En su solaz se desenvuelve su más plena felicidad, su mujer y sus vástagos, así como sus animales de corral constituyen la única propiedad posible.

Durante el forzado reclutamiento y después de fugarse, la pampa se erige como una zona de tristeza y decepción para el gaucho Martín, pues al apartarse de su familia y su hogar, así como también de su oficio más querido, la entonación de canciones, ya payador reconocido, pierde toda su humanidad. El dolor de desarraigo obliga a Martín a penar por la llanura, permanece sin esperanzas del Gobierno civil y la milicia que fracasan por contener las correrías de los indios. A partir de ahora, el ambiente geográfico instituye para el protagonista de la obra un total desengaño de la vida, cada vez que se trate de imponer la autoridad del Estado.

Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer…
Era una delicia el ver
cómo pasaba los días.
El gaucho más infeliz
tenía tropilla de un pelo;
no le faltaba un consuelo
y andaba la gente lista…
Teniendo al campo la vista,
sólo vía hacienda y cielo.
Cuando llegaban las yerras,
¡cosa que daba calor!,
tanto gaucho pialador
y tironiador sin yel
¡ah tiempos!…, pero sin él
se ha visto tanto primor. [2]

Para el protagonista entonces, la violencia del gobierno por medio de sus tropas militares asesina la pampa. El anhelado lugar lleno de recuerdos, relaciones hogareñas, actividades ganaderas que hacían posible la vida, desaparecen. Termina socavado por los proyectos nacionales de delimitar las fronteras y acrecentar la presencia administrativa gubernamental. El estado de exilio impone una muerte para Martín. El tono de la obra se invierte, la llanura representa la plenitud del gaucho y la civilización el fin de su existencia. Para él la naturaleza no es una región peligrosa o un pesado obstáculo para el desarrollo económico e industrial, sino que la concibe como su residencia, solitaria, amplia y libre. Cuando el Gobierno se introduce y somete los territorios desplazando de manera coercitiva a los gauchos hacia el reclutamiento, la pampa se vuelve árida y el límite con la muerte se hace presente.

Una vez rotos los enclaves íntimos del gaucho con su tierra y sus parientes, el distanciamiento emocional sobrevuela el espíritu de la obra, y de la nostalgia del llano termina Martín Fierro destrozando su vihuela, poniendo fin a sus canciones y por lo tanto a su vida, determina salirse del país, retirado con su dolor. Ya no puede habitar la pampa, ha perdido todo.

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Fotografía: Carlos Enrique Espinoza León

El desencuentro con la naturaleza que se ve en la obra permite cuestionar la actitud del Gobierno Argentino cuyo presidente Domingo Sarmiento, escritor liberal y compañero político de Esteban Echeverría, intentaba poner un orden jurídico territorial en la patria. Limpiar la zona de las escaramuzas indígenas y reglamentar a los gauchos tanto en la milicia como en la producción industrial amenazaba con dar fin al estilo de vida nativo de la Pampa.

Para concluir, el canon literario a través de los textos significativos La Cautiva de Esteban Echeverría y  Martín Fierro de José Hernández guarda estrecha relación con otros discursos sociales de la nación Argentina como el político, el económico y el jurídico  respecto a una problemática que surge en todo el siglo XIX. Esa problemática es el espacio geográfico de la pampa y los habitantes de esa región, los indios nómadas que no reconocen ninguna ley nacional y los gauchos que viven de manera dispersa. Ambos aspectos rivalizan contra fuerzas económicas de tipo capitalista e industrial representado por los criollos  y los extranjeros europeos que demanda el abastecimiento de materias primas para sus mercados.

A lo largo del siglo diecinueve, la relación de la sociedad argentina hacia la Pampa es particular. La naturaleza se convierte en el espejo de la nación y recorre los miedos, las fantasías, los sueños de progreso y las amenazas constantes del devenir del pueblo. La patria tiene dos caminos: fracasa en el reino de la barbarie o triunfa el espíritu de la civilización aportando prosperidad material y económica a la región. La tensa relación con su territorio va a delinear la temática de las obras tanto literarias como políticas, sociológicas, económicas, filosóficas y científicas. La época decimonónica devela dos miradas sobre la Pampa, dos visiones muy propias de esta nación americana que se conjugan para darle riqueza emotiva dentro del mundo poético, de ahí la existencia de tales obras.

El gaucho y su profundo amor a su tierra y por otro lado el peligro en ciernes que observa el criollo liberal expresan dos maneras contrastantes de concebir a la naturaleza americana. Y ambas miradas tienen el derecho pleno de convivir dentro del proceso histórico argentino.

 


Bibliografía

Dijk, Teun A. van. El discurso como interacción social. Editorial Gedisa, España, 2008.
Hernández José. Martín Fierro. Editorial Espasa Calpe, España, 2003.
http://www.circuloelrodeo.com.ar/biblioteca/Gauchesca/La Cautiva/Esteban Echeverría/EDa.pdf.

Lotman, Yuri. La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio. Editorial Cátedra, España, 1998.

Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva. Editorial Siglo XXI/UNAM, México, 2008.

[1] http://www.circuloelrodeo.com.ar/biblioteca/Gauchesca/La Cautiva/Esteban Echeverría/ EDa. pdf.pág.24.
[2] José Hernández, Martín Fierro, Editorial Espasa Calpe, España, 2003, pp. 14.

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Escrito por

Revista de Literatura, Arte y Humanidades editada por la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo. Ha publicando periódicamente del 2002 a la fecha.

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